martes, 10 de julio de 2012




En este largo instante 
en que desabotono mi piel
en que la cremallera de mis huesos 
deja ver su médula 
y mis omóplatos 
  se desprenden de la carne 
en este final de todo envoltorio
                exploto  
me desenvaino  
salgo
                               latiente
ya no muero 









2 comentarios:

Celina Aste + invitados especiales dijo...

va de regalo un microcuento de mi autoría, tan en comunión con lo expresado en este bello poema.

Disfraz
Le regalaron un muñeco. Curioso, le bajó el cierre que tenía en
la espalda hasta por debajo de la cadera. Miró cada hueso, cada
articulación con sus yemas. Cosas de la edad. Sintió algo viscoso y
siguió hurgando. Notó que las yuntas se movían. Con maña logró
quitar un hueso y otro y otro. Instantáneamente, la piel cayó al
suelo. Intentó ponérsela y sólo logró cubrir la parte izquierda de
su cuerpo. Vencido, se miró al espejo y ahí estaba: un monstruo
de dos cabezas.

Iván Silvero Salgueiro dijo...

Gracias, Celina.
Y gracias por la hermandad de imágenes, me quedo desconfiando de mi piel y mis huesos ahora.
Sospecho de lo que vaya a ver en el espejo :-)