jueves, 13 de septiembre de 2012

El chocolate


   Era caliente el chocolate, hacía calor y estaba muy caliente el chocolate.
   Yo no sé qué se les daba por vestirme con moñito y mocasines blancos. El cumpleaños era en pleno verano y yo ataviado de señorito. La pelota de fútbol y el partido con los chicos al llegar no iba con camisa recién planchada. Como robocop del desierto, áspera la tela nueva, caminaba duro por culpa del almidonado y las gotas gruesas de sudor chorreándome en la cara, caían por dentro de la camisa, primero dura y luego dura y mojada.
   Lo pegajoso, lo grasiento del cuello cocinado en su propio jugo, era la convicción que de lo molesto a lo irritante los límites siempre podían correrse un poco más.
   Para peor corría y me gritaban que no corriera, trepaba y me hacían bajar, me tiraba al suelo y otro grito me levantaba.
   El estátequieto no era para cumpleaños, los cumpleaños de chicos no eran para etiqueta, el chocolate caliente no era para el calor y la taza quemaba.
   Sentado de castigo en la silla de la sala, entre conversación de viejas, galletita en mano con empalago de torta de chocolate y dulce de leche enfrente, una gota más se me desliza por la nariz y el ¡plop! dentro de la taza.
   De reojo controlo a mi madre.
   Saboreo.
   El chocolate está mejor.

jueves, 6 de septiembre de 2012

No se van en silencio las noches

No se van en silencio las noches, 
se van con todas las voces oscuras no dichas, 
                                                perdidas, 
                                               guardadas, 
                                              pensadas, 
sin enunciado alguno.
Se van las noches murmurando y 
-con la voz seca- 
cierran los ojos 
            esperando decir amanecer.



martes, 7 de agosto de 2012

El cielo no está gris





El cielo no está gris, el asfalto lo oscurece.
Sobre las ruedas, charcos y refucilos. 

Del pavimento 
     llueven caras gruesas, lavadas, de piedra.
El cielo no está gris ni arriba, el asfalto sobre nuestras cabezas 

tormenta 
                          entristece.



















sábado, 21 de julio de 2012

Fragmentos de una pesadilla - III



Cuando vengan ellos, no escuches a nadie ni hagas caso de nada; solo disparáles... vos solo disparáles ¿me entendiste? 
- Ahí justo vienen, Teniente. Vea sus cuerpos cómo se recortan en esa nube tan violácea. Mire bien ¡Mire bien! Son negro sobre el fondo del atardecer.
- Sí, ya veo. Como siempre no levantan polvo a ras de la tierra ni parecen tener prisa cuando bajan del cielo... ¿Cielo? Dios mío, qué digo, si ya no hay “Cielo” desde hace tiempo, ayer fue invento de cristianos, hoy lo que está ahí adelante solo es un espantoso color morado; y lo que serpentea abajo es nuestra sangre que se derrama de manera anticipada. No importa ya, vos solo disparáles.
- ¡Teniente! ¡Teniente! Dos nubes color turquesa se están cerrando sobre nosotros ¿qué hacemos?
- ¿Qué “qué hacemos”? ¡Rápido! Usen el casco y el traje antiácido y esperemos que llueva pronto y fuerte. Cuanto más rápido pase mejor ¡Soldado! Dígale a la Comandancia que la tropa ya está lista y que los Seres... esos seres del fango ya vienen. El ocaso se está completando, la tierra esta tomando su color noche y no tardarán en atacar.
En eso, recuerdo, entró el cura y empezó a rezar bendiciendo las cabezas de los soldados presentes cuando se vio interrumpido por una orden que le llegó desde atrás.
- ¡Pare de rezar! Todavía no tenemos muertos para andar pidiendo por sus almas.
- ¡Comandante! –contestó sorprendido.
- Las últimas luces todavía no se perdieron y mientras sigan existiendo vamos a seguir peleando, en éste y en todos los mundos. Ahora todos van a tomar sus armas y –dirigiéndose al cura- ¡Ud. también! Van a apuntar bien y no me van a desperdiciar ni un solo tiro, ni una sola bala. Manténgase atentos ¡ya!

No sé, esas cosas estaban ahí, ya no importaban cuántos venían ni qué eran, la orden ya estaba dada y sólo restaba esperar el momento temido: una nueva noche de batalla. Ninguno de nosotros sintió frío ni hambre ni dolor, amor y odio se nos conjugaban en una sola amalgama, y el segundo, el instante previo careció de temporalidad.

M.C.




El filo de una sonrisa. La gracia de una navaja. Un cuello, dos, tres...
Con cuanta inocencia.
Tan cruel como una rosa impasible, tiesa.
Un viento fresco bañó mi rostro en ese momento y un terrible sabor dulzón se me imaginó en la boca cuando los vi masticar.

M.C.




- Dan vueltas en el cielo, están descendiendo de a poco. Sólo esperan que les den la orden. Dios... Dios, solo me quedan tres balas: dos para ellos, una para mí; no pienso caer devorado hasta el alma. No pienso, no quiero, no...

- Tranquilo, hermano. Y tranquilizá a tu dios también. Recordá que su mejor arma es tu miedo y que tu mejor arma es tu seguridad, no les dejes resquicios. Serán muy temibles, serán demonios del aire y de la tierra, pero muy poco pueden hacer contra nosotros ya. Es cierto que lo peor todavía falta venir; y que contra ello solo podemos junto con todas las comandancias, eso me dijo la Jefa Berta y conociendo cómo es ella seguro que con las Comandancias unidas vamos a poder. Yo confío en que sea así.

- Temo porque en el otro reducto la batalla ya comenzó. Quieren que caiga la Comandancia 23 para desmoralizar al resto, para empezar a matarnos desde adentro. Pero tenés razón, no van a poder, solo hay que aguantar hasta que vengan los refuerzos, ellos van a venir.

M.C.




Pangraxio, si supieras, el frío otra vez. Cayendo la noche volví a ver aquellas cosas pardas volando bien alto, dando vueltas sin mostrarse demasiado ¿es que no se irán nunca? No importa, algo hemos aprendido durante toda esta guerra: no somos presa fácil y también ellos lo saben; ya no atacan con tanta facilidad, lo piensan dos veces. Algo de miedo nos deben tener, al último le llenamos el garguero de balas. Sin duda, en ese largo tiempo en que pestañean dos veces está nuestra esperanza. Ahora es nuestro valor el que se filtra en ese resquicio, respira. Ya llegará nuestro momento amigo... balas mediante.

M.C.




Parecía no moverse en la distancia. En esa llanura árida cualquier andar era cansino, casi un esfuerzo voluntarista. Solo portaba lo necesario: armas, comida y su voluntad. Ninguna justificación –aparentemente- lo mediaba. A veces nos resultaba molesta su presencia, otras nos era intrascendente.

Camino al Sur iba el renegado Cazador de esas cosas. Por lo menos él había logrado lo que el resto aún anhelaba: perderles el miedo.

Preguntarle “por qué” o “cómo” no resultaba muy pertinente, el cazador perdió el miedo a esos resoplidos pero, dicen, eso solo era una consecuencia inesperada de causas peores. El tormento de la dominación de estas Cosas era solo menor al que guardaba dentro de él.

No había envidias ni lástima entre nosotros en el trato que se le daba. Se le proveía de lo que pedía y se lo dejaba partir hacia su próximo destino.

¿Próximo? No, qué digo, “próximo” no. Es uno solo el destino para un despechado en la guerra, hasta que encuentre su batalla decisiva y arregle sus cuentas de una vez.

(...)

Tercera semana de su partida.

Nos llegaron noticias de una batalla sangrienta. Nadie sabe si eran solo unos pocos o miles pero seguro el renegado Cazador estuvo ahí. Se dice que descuartizó cuanto demonio se cruzó con él. Se cuenta que cuando todo acabó caminó exhausto y ahogó un grito desgarrador en la llanura hasta desmayarse.

Pero qué sentido tiene, este tipo no aprendió todavía que antes de disparar cada tiro debe saber qué quiere matar dentro suyo primero, qué victoria o qué derrota quiere arriesgar, sólo después tiene sentido abrir fuego, sino la guerra queda dentro de uno.

M.C.




Algo salió mal.

Todo parecía indicar que íbamos ganando. Algo no vimos, no entiendo qué se nos escapó. Emboscaron a varios comandantes, a otros los buscaron en sus refugios.

No dieron batallas abiertas. De pronto nos enfrentamos con el desgaste de nuestras fuerzas y la acidez, aquella acidez siempre punzante en el estómago. No puedo olvidar todavía ese dolor.

Fue de a poco, muy de a poco nos habían enfermado: cuerpos que languidecían, manos que temblaban por nada, noches de fiebre que se volvían cosa cotidiana. En el delirio de las madrugadas sobrevolaban las sombras más extrañas y perturbantes detrás de los sueños, detrás de los párpados cerrados. Así, cada gota de sudor febril que recorría nuestras frentes, que transpiraban nuestras mejillas, que se revolvía entre los cabellos, era una tarea más que quedaba pendiente, un desarme sin pausa de nuestras defensas, la pasividad forzada y el peligro acechante. No podíamos dejar que pasara eso, no debíamos, no queríamos, dependían muchas cosas de nuestras propias fuerzas, demasiadas, y nosotros la íbamos perdiendo cada vez más. Por nuestra seguridad no debíamos parar, redoblábamos esfuerzos, pero, en la cabeza, esa fiebre exasperante que daba vueltas como un líquido espeso no tenía pausa. La paciencia se acababa más rápido, las peleas entre nosotros comenzaban a ser más frecuentes, quisimos tomarlo como algo pasajero pero se había vuelto regla, primero arreció la indiferencia, luego ésta llevó al distanciamiento y más tarde continuó con las rispideces, con las contradicciones cada vez mayores. Un error cualquiera se volvía gigante, la desconfianza y el desconcierto finalmente ganaban.

Nos estaban carcomiendo desde adentro. Su primera andanada la estaban dando de esa manera. Era su batalla, dominaban este territorio.

No era otra cosa que un tormento premeditado ¿pero cómo?

Hoy ya somos pocos. Solo once comandancias resisten. Los próximos en su lista sin duda somos Berta y yo. No quedan muchas alternativas. Ya saben lo del espejo, ya saben de este mundo. Hoy supimos de su acecho en nuestros sueños: visitaron nuestros miedos.

No quedan dudas, dentro de poco pelearemos.

M.C.


- ¡Ey mi viejita! Te amo ¿estás lista?
- Sí, estoy lista. Tengo todo lo que me hace falta ¿y vos?
- Tenerte a vos es todo lo que me hace falta.
- No seas tontito, ya estamos viejos para eso.
- Dale, animate, dame la mano que este jovenzuelo tiene mucho para dar todavía.
- Voy a extrañar a Pangraxio y a todo el grupo.
- No te preocupes, hacemos esto para volverlos a ver.
- Vamos, vamos... siempre liero para partir, no sea que lleguen y nos encuentren.
- Ya va, ya va, dejame que anote algo más y vamos. Suspirito mío, crucemos el espejo de una vez, ya es hora de que podamos soñar despiertos.

M.C.

-     












*Fragmentos de una pesadilla - III de IV 

jueves, 19 de julio de 2012

Fragmentos de una pesadilla - II


  “Fragmentos de una pesadilla, escritos revueltos de bordes quemados, restos varios del gran incendio. Palabras borrosas, ideas sin hilación, pequeños relatos truncos que sugerían más de lo que decían: así fue lo que encontramos. Aquí y allá en medio de ese revoltijo todo nos sugería alguna suerte de orden o unidad precedente, alguna coherencia armada alrededor de Cumbres y Berta. Todo sugería su presencia sin que ellos estuvieran o aparecieran por eso. No sabemos qué pasó o qué fue de ellos, la casilla tenía la traba puesta por dentro cuando se intentó entrar a apagar el fuego, tampoco los vecinos más cercanos los vieron escapar. El olor ahí adentro era penetrante, resulta imposible describir todo lo que parecía, ni relatando todas las pesadillas que me produjo podría explicarlo en palabras. El perito me contaba que el espejo ovalado estuvo en el medio de la mayor concentración de calor, donde el fuego era más vivo, donde los cables quedaron íntegramente derretidos -las paredes carcomidas eran la mejor prueba de ello- pero el espejo, el espejo ovalado no sufrió daño alguno. Dicen que Cumbres lo compró en la feria de Burzaco, a su señora Berta le había gustado pero desde entonces, desde aquel entonces comenzaron a suceder los primeros fragmentos de este horror. Con aquella compra Cumbres y Berta comenzaron a cambiar. Alguna vez los vecinos me hablaron de gritos desgarradores que provenían de su casa y no faltó quien afirmó que en el cuarto del espejo veía extrañas sombras en una suerte de lucha... y no parecían humanas.

  Recuerdo la última vez que lo vi mientras charlábamos de los compañeros que habían despedido en la empresa, lo noté como ausente, no había estado en nuestra conversación. Cuando le preguntamos riéndonos por donde estaba viajando solo atinó a contestarnos: debo cuidarla de estos seres”.





Extracto de la entrevista a Esteban Pangraxio.
Banderillero que acudió a apagar el incendio.



















*Fragmentos de una pesadilla - II de IV







miércoles, 18 de julio de 2012

Fragmentos de una pesadilla




Fecha: Diciembre 1998 
Para: Directorio de la empresa “Vía Cosmopol”.
De: Comisión investigadora siniestro casilla.
Carácter: Reservado
Tema: Informe pericial incendio casilla sito en el desvío abandonado Gerli – Pompeya.

Horario del siniestro: 2:45 AM.

- No se encuentran los cuerpos de la pareja de sexagenarios: Martín Cumbres y Berta Knophelmacher.
- No se encontraron mayores indicios de las causas del siniestro.
- De las cosas de la casa que se pudieron salvar sólo se encontraron unas hojas sueltas, quemadas en parte, escritas en fecha incierta. Todo indica que pudieron haber sido partes de un diario o unas memorias. Se adjuntan con este informe. También se encontró un espejo ovalado que se salvó extrañamente de lo peor del incendio.
- Vecinos cercanos al descampado de la casilla aseguran haber escuchado no pocas veces gritos atroces. Esa noche, sin embargo, hubo particular silencio.
- El incendio fue apagado por bomberos de esta empresa ferroviaria. Juran haber visto sombras que se agitaban violentas en medio de las llamas.
- Se ha observado que, aunque la casilla quedó en ruinas, las margaritas, jazmines y demás plantas lindantes al perímetro de la casa no se vieron afectadas en grado alguno.
- Se encontró parte de una inscripción tallada en el reverso de lo que quedó de un mueble, tal vez una cómoda. Esta decía: “Demonios (…) fango” Coincide con los escritos que se adjuntan.













*Fragmentos de una pesadilla - I de IV

martes, 17 de julio de 2012

sutil.......................................................................................................................................suave 

                                         delicado  
                              mínimo 
                                                               táctil 
   digital                                susurrante          
                                         inspiro-exhalo


      alborde                                       
                                             pequeño       creciente 


    claroscuro 
transpiración 
                        en redondo




aureola



pupila

profund@ 
























                                                (jadeo)

martes, 10 de julio de 2012




En este largo instante 
en que desabotono mi piel
en que la cremallera de mis huesos 
deja ver su médula 
y mis omóplatos 
  se desprenden de la carne 
en este final de todo envoltorio
                exploto  
me desenvaino  
salgo
                               latiente
ya no muero 









jueves, 28 de junio de 2012

Paraguay: nuevas tendencias golpistas y resistencia popular

“Paraguay: nuevas tendencias golpistas y resistencia popular”

Encuentro libre y gratuito, el próximo viernes 29 de junio en la Facultad de Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires), sede Santiago del Estero N° 1029, aula 104.
En la charla, el Dr. Gerardo Halpern y Magdalena López contextuarán el escenario político paraguayo y brindarán información respecto de los recursos normativos utilizados para dar una fachada legal a esta maniobra golpista. Se abrirá el debate para conversar sobre lo que sucedió la semana pasada en Paraguay, que dio como resultado la abrupta "remoción" del Presidente Fernando Lugo tras un juicio político express, sin argumentos válidos y sin evidencias probatorias de las causas que lo generaron.
El encuentro tiene como principal interés brindar información sobre el Golpe de Estado disfrazado de juicio político y sobre la resistencia popular que se está ejerciendo en estos momentos en diferentes lugares del país vecinos.
Gacetilla informativa sobre Charla Debate "Paraguay: nuevas tendencias golpistas y resistencia popular"

Informes

paraguay@sociales.uba.ar
Cel: (011) 1536611205

http://grupoparaguay.org/index.php/actividades/2012/98-290612-charla-debate-paraguay-nuevas-tendencias-golpistas-y-resistencia-popular

Sobre el "Juicio Político" al Presidente Fernando Lugo Méndez


SOBRE EL “JUICIO POLÍTICO” AL PDTE. FERNANDO LUGO MÉNDEZ

Luis Lezcano Claude
Introducción
Como advertencia previa, debe señalarse que el tema, por sus características e implicancias, exige alusiones no sólo jurídicas sino también políticas para su cabal comprensión.
El denominado “juicio político” llevado a cabo entre el jueves 21 y el viernes 22 de junio ppdo., fue un acto de barbarie, brutalidad y prepotencia de las cámaras legislativas, decidido previamente a nivel de los principales partidos políticos con representación en las mismas. Fue un acto manifiestamente arbitrario por su desconocimiento del ordenamiento jurídico y, por ende, contrario al Estado de derecho, realizado bajo el ropaje de las formas previstas en la Constitución para el juicio político. Por ello, bien puede ser calificado como un “golpe de estado legislativo”.
Todo el procedimiento apareció impregnado de la soberbia y de la idea de impunidad de poder llevarlo a cabo de cualquier forma y a cualquier costo, al tener el control fáctico de la situación. Las acusaciones inconsistentes, la pobrísima presentación de las mismas por los fiscales acusadores, los plazos brevísimos, la falta de discusión previa al dictamiento de la sentencia, demuestran el carácter absolutamente arbitrario de un procedimiento basado exclusivamente en una decisión política sustentada en contar con los votos necesarios para formular la acusación y dictar la sentencia condenatoria.
1.      Desarrollo del juicio político
El jueves 21, por una amplia mayoría, la Cámara de Diputados resolvió formular la acusación. Votaron a favor no sólo los diputados del Partido Colorado-ANR, el Partido Liberal Radical Auténtico, el Partido UNACE y el Partido Patria Querida –ideológicamente conservadores o de derecha, y que controlan el 93% de las bancas en dicha cámara- sino también la única diputada del Partido Democrático Popular, en teoría afín al Pdte. Lugo en lo ideológico.
La acusación se basó en los siguientes puntos:
- El acto político partidario realizado en el Comando de Ingeniería.
- El caso Ñacunday (invasiones de tierras en del departamento de Alto Paraná).
- La creciente inseguridad.
- La subscripción del Protocolo de Montevideo, Ushuaia II.
- La matanza en Curuguaty (aproximadamente veinte personas entre campesinos y policías).
Posteriormente, se hizo la presentación oral del libelo acusatorio ante la Cámara de Senadores, por parte de los fiscales acusadores (cinco diputados).
La superficialidad y extraordinaria brevedad de esta presentación, así como la inconsistencia de las causales alegadas, ponían de manifiesto que se trataba del mero cumplimiento de un trámite cuyo final estaba asegurado.
En relación con todos los hechos mencionados, a lo sumo se podía alegar una responsabilidad general e indirecta del Presidente Lugo, aunque ninguno de ellos era de entidad suficiente como para justificar una sanción de tanta gravedad como la separación del cargo.
Entre las causales se destaca la referente a la subscripción del Protocolo de Montevideo, Ushuaia II. Se trata éste de un acto jurídicamente inexistente. Al respecto, lo actuado por el Poder Ejecutivo está encuadrado dentro de sus atribuciones. Además, el protocolo aún no fue sometido a la consideración del Congreso, oportunidad contemplada constitucionalmente para que este órgano ejerciendo su facultad de control sobre este tipo de actos, lo perfeccione al aprobarlo, o impida definitivamente su existencia, al no aprobarlo.
Es éste el procedimiento previsto al respecto y no el de considerar el hecho como una causal de mal desempeño de funciones que autoriza la realización de un juicio político y la destitución del titular del Ejecutivo como ha acontecido en este caso. La Ley Suprema establece que “los tratados, convenios y acuerdos internacionales, aprobados y ratificados … integran el derecho positivo nacional …” (Art. 137 Cn.). Agrega luego que “los tratados internacionales válidamente celebrados, aprobados por ley del Congreso, y cuyos instrumentos de ratificación fueran canjeados o depositados, forman parte del ordenamiento legal interno con la jerarquía que determina el Artículo 137 (Art. 141 Cn.). Se requiere, pues, que el protocolo sea aprobado por el Congreso y ratificado por el Poder Ejecutivo para que sea incorporado al ordenamiento jurídico paraguayo.
Hasta hoy se trata de una causal inexistente, muestra categórica de la arbitrariedad en la génesis del procedimiento.[1]
El viernes 22 de junio se llevó a cabo el “juicio” propiamente dicho, ante la Cámara de Senadores. Según el reglamento aprobado por la misma, la defensa –notificada de la acusación en la tarde-noche del día anterior- debía hacer su presentación oral a partir del mediodía (12:00) y por un tiempo que no excediera las dos horas.
Luego la Cámara de Senadores debía proceder a la admisión o no de las pruebas. A partir de las 15:30, en un tiempo de treinta minutos para cada una, las partes debían realizar la presentación de sus alegatos. Finalmente, el tribunal juzgador debía deliberar y dictar sentencia, lo cual estaba previsto para las 16:30.
Desde el comienzo del “juicio político” en la Cámara de Diputados, hasta el dictamiento de la sentencia respectiva por la Cámara de Senadores, transcurrieron aproximadamente 32 horas, incluidas las de la noche y madrugada de los días de inicio y finalización del procedimiento. Esto amerita sobradamente la denominación de “juicio político express” que le han dado algunos medios periodísticos.
2. Acto manifiestamente arbitrario y, por ende, inconstitucional
Por varios motivos, el llamado “juicio político” al Presidente Lugo, aunque haya seguido el procedimiento previsto en el artículo 225 de la Constitución, constituye un acto manifiestamente arbitrario y, por ende, inconstitucional.
En la Cámara de Diputados se observa una deficiencia de carácter substantivo o de fondo: las acusaciones formuladas no constituyen mal desempeño de funciones. En efecto, si bien es cierto que cuando se trata de una causal de este tipo, es admisible cierto margen de discrecionalidad, ello debe darse dentro de criterios de racionalidad. En otras palabras, el admitir cierta discrecionalidad no significa que se autoriza la arbitrariedad. Sin embargo, parece ser que las cámaras del Congreso entendieron lo contrario, lo cual se aprecia con claridad meridiana, en particular, en el caso más claro, no controvertible y categórico, del Protocolo de Montevideo, Ushuaia II, al que aludimos más arriba.
Igualmente de relevancia substantiva es el hecho de que en la presentación oral de los diputados que actuaron como fiscales acusadores, se afirmara que no se aportaban pruebas, por tratarse de hechos de pública notoriedad, o que se pretendiera darle el carácter de tales a meros recortes de diarios. Era necesario probar la vinculación directa del Presidente de la República con tales hechos, en forma particular y concreta. Una supuesta responsabilidad general y difusa derivada de su carácter de tal o de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, no era suficiente.
Llama la atención también que todas las acusaciones fueran presentadas como casos de mal desempeño de funciones y no como casos de comisión de hechos punibles que algunas de ellas hubieran constituido si fueran verdaderas. Tal vez lo endeble de los medios probatorios obligó a presentarlas como casos de mal desempeño de funciones.
En la Cámara de Senadores se constatan deficiencias tanto formales como substantivas o de fondo, que determinan el carácter de acto manifiestamente arbitrario y, por ende, inconstitucional que revistió el denominado “juicio político”.
Una deficiencia substantiva vinculada con lo formal, es el hecho de que a Cámara de Senadores no tiene facultad para reglamentar, por sí sola, el juicio político (Art. 225 Cn.), aunque fuera únicamente en la parte del mismo que le concierne. En efecto, aunque así fuera, se está ante la reglamentación de un artículo constitucional, lo cual debe ser realizado por ley del Congreso. No existiendo esta ley, debió aplicarse la legislación vigente, en forma supletoria.
Precisamente la reglamentación del juicio político en la forma que corresponde, es decir, por ley del Congreso, hará posible que en este punto exista seguridad jurídica para los eventuales afectados por el procedimiento. La relativa estabilidad de las normas que lo regulen, la objetividad de las mismas al ser dictadas sin tener enfrente a un afectado concreto, y su previsibilidad, eliminarán la posibilidad de que la Cámara de Senadores las establezca para cada caso particular, en una forma unilateral y caprichosa que ha alcanzado su expresión más patética, arbitraria, irracional y arrogante en el caso que nos ocupa.
En cuanto a deficiencias formales, se aprecia que el plazo para preparar la defensa fue indiscutiblemente exiguo. No se puede pretender que entre la notificación de la acusación (realizada en la tarde-noche del jueves 21) y las doce del mediodía del día siguiente, existiera suficiente tiempo. Esto afecta el adecuado ejercicio del derecho a la defensa en juicio, consagrado también para este tipo de procedimiento (cf. Art. 17, incisos 7 y 8). Lo apropiado o inapropiado de los plazos otorgados, debe ser apreciado comparándolos con otros juicios políticos y con los establecidos en el procedimiento de conocimiento sumario o en los procedimientos especiales.
Asimismo, el tiempo otorgado para presentar la defensa oral, fue exiguo. La limitación a dos horas, como máximo, constituye un desconocimiento de la garantía del debido proceso. Igualmente, el plazo previsto para preparar los alegatos y luego para presentarlos oralmente ante la Cámara de Senadores (treinta minutos), fue ínfimo hasta el punto de determinar la irrelevancia de esta etapa.
Otra deficiencia de carácter substantivo lo constituyó el hecho de que la Cámara de Senadores, constituida en tribunal juzgador, no estudió (no hubo debate al respecto) lo alegado y probado por las partes, antes de pronunciarse acerca de la culpabilidad o inocencia del enjuiciado.
La deficiencia substantiva o de fondo más importante fue que la sentencia condenatoria tomara como fundamentos las inconsistentes acusaciones formuladas por los fiscales acusadores, cuyas extremas limitaciones ya han sido apuntadas más arriba.[2]
En consecuencia, la resolución de la Cámara de Senadores en virtud de la cual se declaró la culpabilidad del Presidente de la República, Fernando Lugo Méndez, y se lo separó del cargo, es un acto manifiestamente arbitrario y, por ende, inconstitucional.
3. Situación de Federico Franco
Federico Franco asumió la presidencia de la República como resultado de un acto inconstitucional del Congreso (en particular, de la Cámara de Senadores).
En consecuencia, Franco no tiene legitimidad de origen (en cuanto Presidente de la República) y, en la terminología constitucional (Art. 138 Cn.), es un usurpador de la titularidad del Poder Ejecutivo.
Por tanto, contra su gobierno se puede ejercer el derecho de resistencia a la opresión en las dos formas previstas en la Ley Fundamental (cf. Art. 138 Cn.).

[1] Más datos sobre este tema se pueden encontrar en el artículo de mi autoría denominado “Sobre del Protocolo de Montevideo, Ushuaia II”, que puede ser consultado en el sitio: www.luislezcanoclaude.wordpress.com
[2] Votaron a favor de la sentencia de condena, los senadores del Partido Colorado-ANR, el Partido Liberal Radical Auténtico, el Partido UNACE, y el Partido Patria Querida, todos partidos conservadores de derecha, divergentes en lo ideológico con el Presidente Lugo. Votaron por la absolución: Luis Alberto Wagner, Carlos Filizzola, Sixto Pereira y Alberto Grillón.
Son de destacar los votos de Desirée Masi, del PDP, en Diputados; y de Blas Llano, Efraín Alegre y Enzo Cardozo, en Senadores. Estos tres fueron ministros de F. Lugo y votaron por la condena. El último de ellos lo fue hasta el jueves 21, día en que renunció; el viernes 22 reasumió su banca en la Cámara de Senadores para votar en el sentido indicado.

martes, 5 de junio de 2012

Cada vez más los trenes son barcos






Cada vez más los trenes son barcos
                 y las vías un río.
En la margen izquierda
en este puerto de pasto
el carguero pasa
sin velas
nocturno
bocina
y un solo marinero.




miércoles, 30 de mayo de 2012

En la noche sin estrellas




En la noche sin estrellas que contiene la cuadra, 
en la cuadra oscura que contiene al tilo, 
en el tilo negro que envuelve su sombra sobre la casa, 
en la casa apagada que guarda los ojos, 
en los ojos cerrados, 
sin estrellas, 
oscuros, 
negros, 
apagados, 
se guarda una noche... de un lado, 
y un brillo se guarda en el otro. 
El primero en abrirse
             apagará o encenderá al resto 
y todo volverá a guardarse de nuevo.
Vos 

¿En qué lado caerás?



martes, 29 de mayo de 2012

Una casa se pliega





En su noche una casa se pliega sobre sí misma, se arropa en silencios, acomoda las tejas, estira sus vigas, alinea paredes y, dispuesta ya a descansar, se tira al pasto boca arriba.
Al cerrar los ojos, escucha: 
del cielo
                             un rayo cae
la luna gira,

gira 
      y musicaliza. 





























jueves, 24 de mayo de 2012

Las botitas de lluvia

 No me gusta mucho hablar de mi infancia y las lluvias cuando se avecinan me producen ansiedad.
  Solíamos verla jugar en la ventana todos los días, no salía o no la dejaban salir a pesar de que en la cuadra éramos un grupo importante jugando en la vereda durante las tardes, daba para niña de bucles linda y agradable pero algo no cuadraba en esa permanente muestra de ternura con rejas.
  Evitaría hablar de ella pero, cada noche, alguna imagen suya me vuelve y controlo con temor los zapatos al costado de la cama luego de despertar tembloroso.
  Algunos chicos decían que estaba loca y le tiraban globitos de agua por la ventana en los días de carnaval, otros afirmaban que tenía una extraña enfermedad contagiosa y no faltaban los que al pasar corriendo le gritaban “¡bruja!” o fantaseaban con monstruos vigilantes agazapados. Decir que ella, desde su ventana, les vociferaba groserías sin respiro una tras otra, como yegua desbocada sería poco. Pero a mí, más que la respuesta con enojo, me preocupaba esa voz aguda, estridente, fuera del timbre humano habitual que largaba cuando algo no era de su gusto.
  Un día, una pelotita que voló por demás al interior de su cuarto me acercó a ella; la devolvió con un saludo y una sonrisa y no me pareció mala, intrigado por la familiaridad me fui haciendo amigo de su ventana, a un metro de la muralla los barrotes de su vista a la calle no le impedían charlar conmigo. Decía sufrir mucho el calor y amar la lluvia y las planicies extensas y atiborradas de chaparrales y grandes fieras y yo le contaba del raudal de la esquina que crucé tantas veces "y no me hizo nada". Otro día volví a pasar, así como al siguiente y luego tantos más y las siestas se nos hicieron cortas entre charlas, relatos y risas compartidas.
  Pero ella no salía, ni explicaba.
  Nada habría cambiado y hubiéramos seguido solamente charlando y charlando si aquella tormenta tan grande no se precipitaba. Habitualmente, cuando todo el mundo no salía yo solía escaparme a jugar a la lluvia y desafiar a las aguas en torrentes. Esa vez tuve la mala idea de querer congraciarme y me acerqué a su reja invitándola a los gritos bajo toda esa agua. Ella abrió la ventana, miró, sonrió y para mi desgracia, aceptó: “voy”, me dijo.
  Y, mientras el agua galopaba, ella inundó de terror mi vista con sus botitas de lluvia desbordadas: la izquierda, la derecha y cada una de las que se fue calzando atrás.

martes, 22 de mayo de 2012

Cierra el bar


Que el fuego descanse hasta mañana.
Que guarden los caldos.
Que los músicos vayan de serenatas.
Que se corran a la plaza los enamorados.
Que echen a los borrachos.
Que cierren las ventanas.

Que la noche salga a caminar.
Que vuelva el silencio de tu ausencia.
Que el grillo tararee.
Es tarde 

           y con tus ojos
    cierra el bar. 

sábado, 5 de mayo de 2012

El comercio porteño de locas

   En Buenos Aires se comercian locas. 
   Bueno, locos también hay pero no cotizan.
   Se las puede ver en la calle, deambulando con los ojos oscuros, dispares, buscándote la mirada para descargar sus desvaríos. Te los regalan al pasar mientras caminan, uno cree que erráticas pero en verdad con rumbo fijo, determinado, el mismo de la anterior vez, repetido hasta la obsesividad.
   Yo creo saber dónde las guardan, empastilladas, desprolijas y hasta seguro, con mal olor. Suelen ser departamentos de edificios como columbarios, pajareras sin vuelo de gran estructura prolífica en monoambientes, exhibicionismo de soledades y estudiantes haciendo su primera independencia.
   También las hay en PH y metidas en los barrios de casas bajas, en algún viejo chalet de hace 40 años, pero éstas solo valen de reserva en caso de faltante.
   Nunca entendí el rédito que pueden sacar con ellas, algunos pretenden venderlas como sibilas para develar (ocultar) grandes verdades; otros como entretenimiento del más barato y perverso; pero los más, bajo el manto de la buena obra y la caridad, las venden para cuidar ancianas derruidas bajo la figura de la nieta, la sobrina o la hija castrada.
   Yo las esquivo, no me gustan, se te pegan e interpelan, preguntan y opinan de todo, desde la política de los gobernantes hasta el estado del tiempo y el mal servicio de los colectivos. Empiezan hablando de “Este país…” y terminan contra su interlocutor, despotrican todo pero mezclando idiomas, al punto que sus verdades son mentiras mal traducidas.
   Yo no daría ni para hacer arte con ellas.
   ¿Dónde estaba? ¿Dónde la vi a aquella de figura desgarbada, no muy mayor, eternamente blanca, otrora de pelo renegrido y luego desvestido en canas? Recuerdo esa imagen, pintando un redondel en cada cachete con el maquillaje. La ropa vieja, la cartera deslucida, saludando sin conocerte y repitiendo siempre esos mismos recorridos, a la misma hora de siempre.
   ¿Qué habrá sido de aquella de tono amarillo eléctrico, rodeada de un aire que incomodaba, erizaba la piel, la sensación de peligro con su presencia? Parada ante mí, esperando respondiera a sus incoherencias no terminaba de irse nunca y echarla sonaba a violencia casi segura.
   En Buenos Aires las exhiben en el centro y todos saben que están en venta, que se compran y que el comercio es fructífero. Lo que nadie sabe es cuándo se vuelven locas o por qué.

   La insania mental es así, un río que baja revuelto, aunque desde sus aguas originarias llegan cada tanto remolinos que podrían dar pistas al ojo atento.
   Sentado en un bar observo cómo una mujer habla sola en una mesa mirando un alter invisible, gesticula, sonríe y balbucea un mundo que no es. De a momentos alguna palabra de alegría me llega. Cerca, una mujer mayor de bastón la mira atenta, luego mira al mozo y cabecea, este le acerca un papel anotado.
   Sorbo un café amargo y el aroma no condice con el cuerpo, mientras medito la escena.
   Finalmente, del bar salen juntas las tres.
   El mundo que es sonríe. Pero no es de la loca, tampoco de la vieja, ni de la alegría.


martes, 3 de abril de 2012

El río huele a dulce


El río huele a dulce
 a yerba
y tabaco humeante
      flota en fardos de algodón.

Cuando es víbora entre barrancos
alumbra los verdes
                     y olvida
  las jangadas.

En los ojos
                   lo llevo
con camalotes, con alimañas.
Mis manos empuñan sus remolinos
en el pecho me inquietan
                              las aguas mansas.

Una quilla me navega
    en la correntada lastima
en muchos vientos confluyo
  y cuando 
zarpo 
busco ser otros ríos 
pero cada tanto
llego
y me hago mar.




viernes, 23 de marzo de 2012

Movimiento



¿Es posible la paradoja del movimiento en un sólo punto? 
Siempre aquí, llegando a vos.







                                                       Respirándote

























jueves, 15 de marzo de 2012

Peor que el concreto


    Es peor que el concreto. 
   Sigo y sigo martillando pero esto es peor que el concreto. No puede ser, tiene que poder romperse de alguna manera  ¡Qué roca más dura!
    Hace calor aquí pero afuera está el frío. No entiendo, ya probé con todo, sólo me queda la tozudez pero ésta también se me está por quebrar. En el piso quedan restos de mazas, martillos, mechas partidas, picos y cortafierros pero esto no se rompe. Mi mejor golpe apenas ha descascarado su superficie ¿Dónde estaré? ¿Faltará mucho para terminar de atravesar esta montaña? El otro día encontré una veta más blanda y avancé medio metro, fue toda una victoria, hoy no logro ni medio centímetro.
    Esto se pone desesperante, me produce picazón en todo el cuerpo pero debo mantener la calma, debo encontrar serenamente una forma de avanzar. Miro atrás y veo todo lo profundo que estoy, no es poco pero ya me está impacientando. Tengo hinchados los dedos, adoloridas las manos, golpeados de tanto martillar los músculos del brazo y del hombro; mis palmas son una mezcla de callos, ampollas y heridas abiertas.
    ¡Puta que me duele todo!
   No logro entender qué es esto tan duro. Este material no puede ser de este mundo.
  El aire se enrarece cuando el polvillo cae, debo parar no pocas veces porque me falta el oxígeno, los ojos se me irritan, me cuesta ver con claridad. En este socavón cada tanto sueño que rompo la última roca y cuando salgo caigo a un abismo. Despierto gritando, con la sensación de que no hay alegría al terminar, me queda en el pecho el sentimiento de que después sólo está el vacío. Es difícil seguir así, se desgasta el convencimiento todo lo que no se gasta la piedra.
   En ocasiones paro de martillar porque escucho voces en el túnel, detrás mío a cierta distancia, pero no puede ser, estoy seguro que estoy sólo aquí, cada vez que miro atrás compruebo que es así. Pero más me inquieta que a veces reconozco las voces, suenan a palabras que he escuchado, a gente que he conocido, a situaciones que he vivido. A veces están muy cerca, otras no tanto.
    - Sí, te dije que te calles.



lunes, 12 de marzo de 2012

La luna en nuestros pies

By Carina Felice Fotografías
      La mandarina que ya fue, la banana que es sólo cáscara y la manzana que puede contar que es semilla, que ya es únicamente semilla. 
La cena se está yendo en platos levantados, el agua última de la mesa llueve sus pocas gotas en la garganta y nuestras piernas se estiran verticales sobre el piso sosteniendo con quejas el cansancio nocturno, entendible, esperable, que porta un cuerpo, dos, el de cada uno, el mismo que llevamos al trabajo, casi idéntico al que vuelve a descansar.
      “Llegó mi hora de dormir”, dice mi chica linda, “me voy”, y desplaza un beso al vuelo, descuelga un abrazo y despide, sobre todo, a Bonita, cosita linda, monstruo de la casa, a veces de papá, otras tantas de mamá, muchas de los dos. 

      Mi nena interrumpe su trepada a la silla, su escalada a mi espalda, su asalto al grito de ¡upa! para derramar una despedida, una noche más, otra como única, decirle “chau” a la mamá, quererla un beso, dejarse un abrazo y ver cómo una escalera la sube, un noticiero se enciende y un sueño hecho de madera se pone a roncar aserrín y mujer en frazada con boca abierta.
      La noche continúa para nosotros, búhos, grillos, batracios de estrellas acampadas en los ojos, cosita de 3 años y yo -crick-crick- de unos 35.
      Siempre fue así, ella nocturna y yo de la noche, una hora tal vez, dos quien sabe, que reponemos ausencias diarias, diurnas, de soles y nubes, ella con medio jardín de infantes y yo con doble trabajo. Relevo parental, recauchutaje de amor filial.
      Rincón mediante estas cosas se hacen en lugar específico, cocina no es lo mismo que sofá, ni sillón que mesa. Ventanal a la calle gana partida a pared, calefacción se levanta en graduación para chusmear y Bonita y yo, sillón, camperas y ventanal hacemos nuestro lugar para hablar y observar.
      El auto viejo y feo se despereza a sólo metro y medio, estacionado, frío y blanco de luna. Una estrella más fuerte que otras abolla un brillo sobre el capó y con mi chiquita contamos cables, líneas de teléfono, de electricidad y de televisión que no transmiten la noche, colgados de una columna justo por arriba de la visual del auto.
      Nuestras piernas se estiran sobre el respaldo, las de ella se proyectan verticales sobre el techo, las mías se doblan sobre la cabecera, con las rodillas apoyadas en el aire, las espaldas contra el asiento, las cabezas bordeando el ventanal, los ojos cayendo al cielo, bajo nuestros pies la noche y la tierra se invierten y trastocan roles:


      Tilo de luna, constelación de cables y auto blanco, dos brillos en línea recta allá bien alto en la tierra, próximos a una nube de teja que amenaza con taparlos. Noche fría y avión que titila panza arriba. Unos pasos fugaces cruzan oblicuos sobre el oscuro del asfalto, un refucilo de coches traza un zigzagueo veloz. El rocío que asciende, las pocas nubes que pispean.
     Pequeños soles de otras galaxias observan este cuadrante de la Vía Adrogué, pampa, jazmín y hiedras. El cielo se acomoda boca arriba, como descampado que es de cardos y dientes de león encendidos, mientras desde acá en el suelo, en esta bóveda convexa, se observa que los faroles de la calle sideral dibujan líneas de monstruos míticos irrepetibles.
      La noche se mueve ya hacia el oeste, bajamos los escalones. Pis, cepillo de dientes y pequeña pléyade de cuentos. La frazada bosteza, los besos de las buenas noches se alinean. Una luz que se apaga, otra que no, y la Cruz del Sur que se arrincona en mi cuarto hasta la próxima vez que nos encuentre con la luna en nuestros pies.


viernes, 9 de marzo de 2012

Al partir el tren



Al partir el último tren a Glew quedó un vaho anónimo, palpable en la espesura del aire.
Nada recordaba que fuera de humanos.







martes, 6 de marzo de 2012

Luego de muchos años volvió



Luego de muchos años, volvió.
Mañas, gestos, palabras: no cambió nada.
Nada para bien.
En el aire la última vez, aquella cena.
Volverá a partir antes de despertar.






miércoles, 29 de febrero de 2012

En los bares del puerto de Asunción

Playa Montevideo - Puerto de Asunción


     En los bares del puerto de Asunción unos hombres comparten el noticiero en la calle viendo sangre y tiros, una moza se sirve un vaso de cerveza, una puta obesa se arregla el único rulo y estira otro chopp, los frentes negros de hollín olvidan historias de mejores épocas y un borracho es tirado a una lanchita de playa Montevideo que, lenta, parte rompiendo el agua.
     La boca negra de la bahía pinta sus labios con haz de luces, las escenas se dibujan en ella.
     No son escuerzos los que cantan, es la ciudad y tiene voz de agua. 



sábado, 25 de febrero de 2012








                          No es lluvia

                                  es el río:






                     va dejando rastros en su vuelo.




























viernes, 24 de febrero de 2012

Demasiados

En memoria 
de la tragedia del Once



Demasiados pensamientos apretadamente vulnerables 
                                                  y un tren.
Un largo gusano de deficiencias.

La desgracia 
     llega en soledades.





miércoles, 22 de febrero de 2012

Partes



Somos sólo flujos rojos en el cerebro de un gigante. 
Destello y sinapsis.
Mientras la ciudad piensa

  algo nos devora.











viernes, 17 de febrero de 2012

Una ventana es infinita



Una ventana es infinita.
Ella es cielo
calle
tilo frondoso
ladrido de perro.
Muchos hilos nocturnos 

                     entran por ella
bordan
   y surcen mis sueños
escenas incomprensibles
se inflan y desinflan
            como medusas.
Una hojarazca verde
   canta en silencio
la brisa.



viernes, 10 de febrero de 2012

Hecho de aguacero



Hecho de aguacero
de tardes calurosas
viajante de nubarrones grises
agito 

  la copa de los árboles
brindo raudales
abrazo remolinos.


Cuando ya todo pase
en la tierra mojada
          con el viento
seré sólo recuerdo.








domingo, 5 de febrero de 2012

La tormenta de Santa Rosa


    Ocurrió una noche incómoda de agosto cuando la tormenta de Santa Rosa descargaba árboles y techos sobre el asfalto. No se sabe si fue efecto del insoportable calor previo, de las piedras hirientes que cayeron después, o de algún absurdo designio apocalíptico de una santa atormentada. Sí está claro que durante una hora algo no corrió normal sobre las vías: en el tramo entre Gerli y Remedios de Escalada los trenes no pasaron por Lanús.
    Fueron varias formaciones que en su recorrido obligado, bajo la oscura lluvia, dejaron de pasar. Durante la hora 19 ninguno llegó, las barreras siguieron sin sonar ni cerrarse. En el entramado espacio-temporal fue como si algunos hilos o vías, se corrieron, se curvaron y sin romperse, rodearon nuestros sentidos esquivándolos.
    Con la llegada de la ausencia una nueva barrera indeseada de miedo empezó a bajar sobre el tren del sur.
    Las autoridades preocupadas hicieron el sumario correspondiente pero lo sorprendente de los testigos presenciales fue que en empleados y pasajeros de 
Gerli y Escalada no había contradicción: los de una estación los vieron partir, los de la otra los vieron llegar, ambos recibieron trenes del otro. Tan sólo no tenía conexión el relato global, los de Lanús esperaron y esperaron y jamás apareció tren alguno durante 59 minutos. Un sólo detalle podría haber llamado la atención, en cualquiera de sus dos estaciones lindantes los trenes llegaron con 1 y 3 minutos de atraso. En contraste, la puntualidad arribó inesperadamente a todas las demás. Sobre los durmientes del tren del sur lo coherente ya no transitaba, sin embargo, la costumbre de la impuntualidad hizo invisible el hecho y su contradicción. 
    Se creyó primero en sabotaje pero esta hipótesis fue descartada por lo ridículo de sabotear en un tren a sólo algunos pasajeros de una sóla estación. No había desvíos que rodearan Lanús, las vías eran únicas, y las frecuencias no mermaron: los pasajeros de las posteriores Banfield, Lomas, Mármol o Adrogué, siguieron su rutina como siempre, bajaron y subieron ignorando los rayos a su alrededor. Esto debía dar escalofríos, los de Lanús ya no estaban: todo el que viajó con alguien de ahí juraba por su madre y sus hijos que lo había despedido cuando se disponían a bajar, que no había alcahuetería alguna, pero ese día, a esa hora, ninguno llegó a destino en la ciudad granate en el momento santo de las piedras. Esos trenes, sin entenderse cómo, habían transitado las vías de lo imposible.
    La locomotora de Caronte parecía estar haciendo maniobras en esta playa.
    Se esperaron pedidos de rescate, amenazas terroristas, signos de sangre y psicosis y no faltó quién atribuyó a la ineficiencia del Estado, propietario de los trenes, la razón de ser de tremenda pérdida horario-poblacional.
    Pasaron los días, hubo revuelo en la prensa, algunos gerentes desaforados propusieron descontar una fracción del presentismo a los ferroviarios pero, para suerte de éstos, el alivio pitó a lo lejos y empezó a ganar terreno cuando los lanusenses -traspapelados en esos vagones- comenzaron a llegar a sus casas. Esta vez la perorata de los truenos precedió a los relámpagos y en un carguero de explicaciones arribaron los mejores refucilos posibles.
    Todos argumentaron lo mismo: que se quedaron dormidos y se despertaron justo en la depresiva estación, que se bajaron como siempre regurcitados por la marea humana, que salieron escupidos a los empujones del andén y no se fijaron en la hora. Pero no podían explicar por qué ¡por qué! llegaron con el transcurso de los días y, cada uno o una, en un tren y horario distinto. Ninguno pudo decir algo coherente de qué les había pasado en esa hora apedreada por la mediadora de Dios, cada vez menos Rosa, cada vez menos Santa.
    Pero el traqueteo de la banalidad hizo su aparición entonces.
    Los de Banfield, hinchas del Taladro, comenzaron a acusar a los de Lanús, hinchas del Granate, que era toda una vil estrategia propagandista para ganar más socios. En todo caso, contestaron estos, el agujero de pasajeros fue un ardid taladrense de pura envidia porque -hasta ese momento- nunca fueron campeones y ellos por fin sí en 100 años.
    Los arrebatadores de Gerli, como títeres sin hilos que cobran vida al unísono, se pasaron aclarando que ellos siempre arrebataron cosas, cadenitas, carteras, pero no gente entera, mucho menos selectivamente de Lanús, ni que decir una formación completa, que no hay manera de saber de dónde es cada quién y menos a las corridas. Y la policía, acostumbrada a ver desaparecidos, prefirió creerles y los dejó seguir trabajando tranquilos.
    La normalidad se había alterado, lo razonable sabía amargo, pero la edulcorada vida cotidiana terminó siendo más fuerte. Al tiempo ya nadie comentaba sobre el caso y en cada familia lanusense de la hora de Santa Rosa, los dichos de bienvenida y alivio fueron perdiendo terreno frente a la desconfianza y la sospecha de una doble vida, humo y ruido mucho más conocido por ellos.
    Y aunque en esos casos, a los pobres que llegaron tarde les llovieron otras piedras, poco a poco lo extraño fue encarrilado en las vías de los pretextos esperables, la frecuencia de los lugares comunes se compuso y un hecho, insólito e inquietante, desapareció sin gloria entre el gentío apresurado de la cabecera Estación Rutina.