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jueves, 13 de agosto de 2015

¡Salió mi primer libro! El Tren del Sur


Este es mi primer libro de cuentos y relatos.
Me pone muy contento publicar acá que acaba de salir a las vías este pequeño hijo literario, con aquellos escritos que entre idas, vueltas y esperas en el tren fui escribiendo en el celular para matar el tiempo, para contar los absurdos y las fantasías, para rescatar los personajes que tanto llenan sus vagones.
En poco tiempo estaré anunciando su presentación formal, todo parte de un proyecto literario que hace eje en el tren.
Para los que quieran comprar ya pueden contactarme a iass008@gmail.com







jueves, 30 de octubre de 2014

Venus

Venus de Willendorf

   Cada vagón lleva su Venus, imagen de la fertilidad. Todo es redondo en ellas, redondo el rodete, redonda la cara, redonda la cintura, redonda cada línea del cuerpo que sostiene los críos, que da de mamar, que acarrea bolsos y carritos. Redondas se ríen, redondas vociferan y se quejan en cortos y secos ademanes.
   Nada hay de ícono o estático en ellas, hablan, gesticulan, teclean el chat, se expresan en voz alta, casi a los gritos y luego, regañando, pastorean los hijos entre el montón del gentío del tren.
   Vienen, siempre vienen de antes cuando subo, nunca suben después. Cada rincón de tres está lleno de ellas.
   Bajan, cualquiera sea, en la misma estación. De la mano, con bullicio, en pasos circulares, acarreando la prole, ceremoniosas, buscando el hospital.






miércoles, 11 de diciembre de 2013

Rosa de los vientos


En algunos casos la rosa de los vientos no es más que la rosa de las vías: 
el sol sale cuando me levanto mirando a Glew, 
el mediodía se despliega bajo tierra en el subterráneo D, 
y el atardecer es la última luz entre edificios viejos 
             de las calles Mitre o Rivadavia. 
En el ocaso de Constitución la luna y venus alinean durmientes. 
Un gallo color noche rota en el final sobre mí.






miércoles, 4 de septiembre de 2013

El tren más grotesco


La muchacha del Circo (1999) - Rodolfo Medina

   El tren se empeña en parecer lo más grotesco de un circo. 
   Así tenemos al sin patas que, sentado sobre un buffle procede al karaoke con la mejor impostación (su fiel asistente empuja el aparato musical cual carrito de discapacitados).
   Un sordomudo entra a los gritos pronunciando nada y agitando en nuestras caras un gran vaso con monedas.
   Un gordo de remera y pullover cortos exhibe el ombligo más gigante del mundo mientras vende los clásicos enganchados del amor con Sandro, Nícola di Bari y María Marta Serra Lima haciéndole el coro.
   La ciega cantautora de folclore, enana por cierto, compite a los gritos con el hombre mini componente, el cual corre con ventaja de volumen llenando hasta tres vagones de cumbia y salameros reggaetones.

   Una embarazada malabarista y tres hijos equilibristas no logran conmover a nadie y entre cambio de vías, frenadas y aceleres, hacen sus mejores piruetas agarrados de un solo pasamanos roto. 
   En la magia de Temperley las puertas se abren como telón y un enroque de personas demuestra que donde había uno muy apretado entran seis más. La muchedumbre, la muchachada y la punguería seguirían pujando por entrar pero el tren cierra las puertas: la función debe continuar.
   El público como siempre, cabizbajo y meditabundo, raramente aplaude. Sin embargo, payasos que opinan de todo y por todos nunca faltan. 
   Al final del recorrido, en la estación principal, unos corren y otros simplemente escapan. 
   En la despedida, tintineos de silencios quedan por todo ¡turuntumtúm plishhh! final.
   Nueva gente entra, se agolpa, un hombre-dragón abre la boca y la función vuelve a empezar. 




sábado, 17 de agosto de 2013

Los subterráneos



Uno conoce las vías subterráneas 
como se conocen los ríos pequeños 
y pedregosos: 
                                        precipitados, 
                              sonoros, 
                                       llenos de curvas y 
                                   contracurvas.

Subidos a este barco 
viboreamos 
                                                        kilómetros 
en aguas de hierro y durmientes, 
metidos en un follaje inmóvil 
de piedra 
y claroscuro.
Bajo nuestros pies 
los monos aúllan chirridos de metal. 
En breve, afloraremos

como agua u hormigas 
para inundarlo todo 
o ser devorados. 























jueves, 19 de julio de 2012

Fragmentos de una pesadilla - II


  “Fragmentos de una pesadilla, escritos revueltos de bordes quemados, restos varios del gran incendio. Palabras borrosas, ideas sin hilación, pequeños relatos truncos que sugerían más de lo que decían: así fue lo que encontramos. Aquí y allá en medio de ese revoltijo todo nos sugería alguna suerte de orden o unidad precedente, alguna coherencia armada alrededor de Cumbres y Berta. Todo sugería su presencia sin que ellos estuvieran o aparecieran por eso. No sabemos qué pasó o qué fue de ellos, la casilla tenía la traba puesta por dentro cuando se intentó entrar a apagar el fuego, tampoco los vecinos más cercanos los vieron escapar. El olor ahí adentro era penetrante, resulta imposible describir todo lo que parecía, ni relatando todas las pesadillas que me produjo podría explicarlo en palabras. El perito me contaba que el espejo ovalado estuvo en el medio de la mayor concentración de calor, donde el fuego era más vivo, donde los cables quedaron íntegramente derretidos -las paredes carcomidas eran la mejor prueba de ello- pero el espejo, el espejo ovalado no sufrió daño alguno. Dicen que Cumbres lo compró en la feria de Burzaco, a su señora Berta le había gustado pero desde entonces, desde aquel entonces comenzaron a suceder los primeros fragmentos de este horror. Con aquella compra Cumbres y Berta comenzaron a cambiar. Alguna vez los vecinos me hablaron de gritos desgarradores que provenían de su casa y no faltó quien afirmó que en el cuarto del espejo veía extrañas sombras en una suerte de lucha... y no parecían humanas.

  Recuerdo la última vez que lo vi mientras charlábamos de los compañeros que habían despedido en la empresa, lo noté como ausente, no había estado en nuestra conversación. Cuando le preguntamos riéndonos por donde estaba viajando solo atinó a contestarnos: debo cuidarla de estos seres”.





Extracto de la entrevista a Esteban Pangraxio.
Banderillero que acudió a apagar el incendio.



















*Fragmentos de una pesadilla - II de IV







miércoles, 18 de julio de 2012

Fragmentos de una pesadilla




Fecha: Diciembre 1998 
Para: Directorio de la empresa “Vía Cosmopol”.
De: Comisión investigadora siniestro casilla.
Carácter: Reservado
Tema: Informe pericial incendio casilla sito en el desvío abandonado Gerli – Pompeya.

Horario del siniestro: 2:45 AM.

- No se encuentran los cuerpos de la pareja de sexagenarios: Martín Cumbres y Berta Knophelmacher.
- No se encontraron mayores indicios de las causas del siniestro.
- De las cosas de la casa que se pudieron salvar sólo se encontraron unas hojas sueltas, quemadas en parte, escritas en fecha incierta. Todo indica que pudieron haber sido partes de un diario o unas memorias. Se adjuntan con este informe. También se encontró un espejo ovalado que se salvó extrañamente de lo peor del incendio.
- Vecinos cercanos al descampado de la casilla aseguran haber escuchado no pocas veces gritos atroces. Esa noche, sin embargo, hubo particular silencio.
- El incendio fue apagado por bomberos de esta empresa ferroviaria. Juran haber visto sombras que se agitaban violentas en medio de las llamas.
- Se ha observado que, aunque la casilla quedó en ruinas, las margaritas, jazmines y demás plantas lindantes al perímetro de la casa no se vieron afectadas en grado alguno.
- Se encontró parte de una inscripción tallada en el reverso de lo que quedó de un mueble, tal vez una cómoda. Esta decía: “Demonios (…) fango” Coincide con los escritos que se adjuntan.













*Fragmentos de una pesadilla - I de IV

martes, 5 de junio de 2012

Cada vez más los trenes son barcos






Cada vez más los trenes son barcos
                 y las vías un río.
En la margen izquierda
en este puerto de pasto
el carguero pasa
sin velas
nocturno
bocina
y un solo marinero.




viernes, 9 de marzo de 2012

Al partir el tren



Al partir el último tren a Glew quedó un vaho anónimo, palpable en la espesura del aire.
Nada recordaba que fuera de humanos.







viernes, 24 de febrero de 2012

Demasiados

En memoria 
de la tragedia del Once



Demasiados pensamientos apretadamente vulnerables 
                                                  y un tren.
Un largo gusano de deficiencias.

La desgracia 
     llega en soledades.





domingo, 5 de febrero de 2012

La tormenta de Santa Rosa


    Ocurrió una noche incómoda de agosto cuando la tormenta de Santa Rosa descargaba árboles y techos sobre el asfalto. No se sabe si fue efecto del insoportable calor previo, de las piedras hirientes que cayeron después, o de algún absurdo designio apocalíptico de una santa atormentada. Sí está claro que durante una hora algo no corrió normal sobre las vías: en el tramo entre Gerli y Remedios de Escalada los trenes no pasaron por Lanús.
    Fueron varias formaciones que en su recorrido obligado, bajo la oscura lluvia, dejaron de pasar. Durante la hora 19 ninguno llegó, las barreras siguieron sin sonar ni cerrarse. En el entramado espacio-temporal fue como si algunos hilos o vías, se corrieron, se curvaron y sin romperse, rodearon nuestros sentidos esquivándolos.
    Con la llegada de la ausencia una nueva barrera indeseada de miedo empezó a bajar sobre el tren del sur.
    Las autoridades preocupadas hicieron el sumario correspondiente pero lo sorprendente de los testigos presenciales fue que en empleados y pasajeros de 
Gerli y Escalada no había contradicción: los de una estación los vieron partir, los de la otra los vieron llegar, ambos recibieron trenes del otro. Tan sólo no tenía conexión el relato global, los de Lanús esperaron y esperaron y jamás apareció tren alguno durante 59 minutos. Un sólo detalle podría haber llamado la atención, en cualquiera de sus dos estaciones lindantes los trenes llegaron con 1 y 3 minutos de atraso. En contraste, la puntualidad arribó inesperadamente a todas las demás. Sobre los durmientes del tren del sur lo coherente ya no transitaba, sin embargo, la costumbre de la impuntualidad hizo invisible el hecho y su contradicción. 
    Se creyó primero en sabotaje pero esta hipótesis fue descartada por lo ridículo de sabotear en un tren a sólo algunos pasajeros de una sóla estación. No había desvíos que rodearan Lanús, las vías eran únicas, y las frecuencias no mermaron: los pasajeros de las posteriores Banfield, Lomas, Mármol o Adrogué, siguieron su rutina como siempre, bajaron y subieron ignorando los rayos a su alrededor. Esto debía dar escalofríos, los de Lanús ya no estaban: todo el que viajó con alguien de ahí juraba por su madre y sus hijos que lo había despedido cuando se disponían a bajar, que no había alcahuetería alguna, pero ese día, a esa hora, ninguno llegó a destino en la ciudad granate en el momento santo de las piedras. Esos trenes, sin entenderse cómo, habían transitado las vías de lo imposible.
    La locomotora de Caronte parecía estar haciendo maniobras en esta playa.
    Se esperaron pedidos de rescate, amenazas terroristas, signos de sangre y psicosis y no faltó quién atribuyó a la ineficiencia del Estado, propietario de los trenes, la razón de ser de tremenda pérdida horario-poblacional.
    Pasaron los días, hubo revuelo en la prensa, algunos gerentes desaforados propusieron descontar una fracción del presentismo a los ferroviarios pero, para suerte de éstos, el alivio pitó a lo lejos y empezó a ganar terreno cuando los lanusenses -traspapelados en esos vagones- comenzaron a llegar a sus casas. Esta vez la perorata de los truenos precedió a los relámpagos y en un carguero de explicaciones arribaron los mejores refucilos posibles.
    Todos argumentaron lo mismo: que se quedaron dormidos y se despertaron justo en la depresiva estación, que se bajaron como siempre regurcitados por la marea humana, que salieron escupidos a los empujones del andén y no se fijaron en la hora. Pero no podían explicar por qué ¡por qué! llegaron con el transcurso de los días y, cada uno o una, en un tren y horario distinto. Ninguno pudo decir algo coherente de qué les había pasado en esa hora apedreada por la mediadora de Dios, cada vez menos Rosa, cada vez menos Santa.
    Pero el traqueteo de la banalidad hizo su aparición entonces.
    Los de Banfield, hinchas del Taladro, comenzaron a acusar a los de Lanús, hinchas del Granate, que era toda una vil estrategia propagandista para ganar más socios. En todo caso, contestaron estos, el agujero de pasajeros fue un ardid taladrense de pura envidia porque -hasta ese momento- nunca fueron campeones y ellos por fin sí en 100 años.
    Los arrebatadores de Gerli, como títeres sin hilos que cobran vida al unísono, se pasaron aclarando que ellos siempre arrebataron cosas, cadenitas, carteras, pero no gente entera, mucho menos selectivamente de Lanús, ni que decir una formación completa, que no hay manera de saber de dónde es cada quién y menos a las corridas. Y la policía, acostumbrada a ver desaparecidos, prefirió creerles y los dejó seguir trabajando tranquilos.
    La normalidad se había alterado, lo razonable sabía amargo, pero la edulcorada vida cotidiana terminó siendo más fuerte. Al tiempo ya nadie comentaba sobre el caso y en cada familia lanusense de la hora de Santa Rosa, los dichos de bienvenida y alivio fueron perdiendo terreno frente a la desconfianza y la sospecha de una doble vida, humo y ruido mucho más conocido por ellos.
    Y aunque en esos casos, a los pobres que llegaron tarde les llovieron otras piedras, poco a poco lo extraño fue encarrilado en las vías de los pretextos esperables, la frecuencia de los lugares comunes se compuso y un hecho, insólito e inquietante, desapareció sin gloria entre el gentío apresurado de la cabecera Estación Rutina.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Murió en el tren




Murió en el tren, enganchado a una argolla. 

Inflado por los vapores de un borracho parecía esquivar el vómito -un pie en punta y el otro en el aire- la izquierda anclada a un bolso grande y pesado, la derecha de percha en la argolla. El contoneo de su cuerpo, amortiguado entre los abrigos de los de al lado, le daba naturalidad al cuadro.
Nadie notó el alfajor triple en el ruido hueco de la garganta.
Con el cambio de vías volvió a sacudirse, parecía seguir peleando.



jueves, 15 de diciembre de 2011

En noches impares


En noches impares un tren sucio, desvencijado, lleva en los vidrios sombras empañadas. Algo hay que entristece, mucho de lo sórdido en el claqueteo de sus metales inquieta.
Pregunto y nadie sabe.
Los andenes son 10 en Temperley.
El boletero cuenta 11 y deja de atender.

lunes, 8 de agosto de 2011

Murmullo

By Carina Felice
http://carinafelice.blogspot.com/


Un murmullo de noches viaja en tren
en cada estación se pierde una estrella
son dos las vías
               pero más los caminos
No hay finales      no hay amaneceres
sólo sueños
sueños
           entre labios





jueves, 9 de junio de 2011

Carga de abandonos

By Brumaria
http://farm3.static.flickr.com/2148/1632929609_734134ff39.jpg




Carga de abandonos 
                           en los vagones de Gerli
descampa el hierro
bajo el puente anochece rieles
un tren de sombra pasa fugaz
En la estación
un pasajero abandona
otro se vuelve oscuro
un tercero
                    metal

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La fea



Era fea, muy fea.
Y en el vagón lleno, las camperas grandes, los bolsos al hombro, era la única cosa que quedaba por mirar.
Mala suerte, día pálido, final triste, vuelta con desgracia. La jornada laboral una pena, el frío hiriente, la lluvia burlona y en el tren apretado: una fea muy desagradable.
Yo quería llorar.
¿Cómo hará? Porque es fea con ganas. No fea insípida a quién nadie miraría, sino lo contrario, es de las que se miran por fea, por extravagantemente fea.
No lo podía creer.
Y viste de rosa, campera rosa. El pantalón también es de color: morado Barney, el dinosaurio. 
 Se ve que prefiere compensar por otro lado. Los cachetes regordetes y poceados son lo primero que se le ve. Nadie diría de ella: “es una chica atractiva de rasgos marcados” porque, simplemente, nadie diría “es atractiva” pero sí que tiene los “rasgos marcados”. Aunque también me queda la duda si alguien diría que es una chica. No sé, tetas parece que tiene, aunque eso no es garantía.
Es grandota, de pelo largo. No imagino de qué trabajará, en este tren va mucha gente que baja en las últimas estaciones, justo esas que hasta hace poco no formaban parte del conurbano, los de esos lugares combinan buenos estudios con vidas precarias.
Aunque, a decir verdad, no se la ve muy cansada, no tiene cara de venir del trabajo pero el horario coincide ¿Tendrá novio? Hay que ser muy valiente para eso, pero, quién sabe, hay cada estómago.
Típico que en su casa es “la linda”. Amor de padre, compasión de madre.
Así termina siempre la cosa, si es feita nomás pierde siempre, pero si es fea con mayúsculas ya la historia adquiere otro matiz. No falta el que dice: fea pero con actitud, fea pero dulce, fea pero inteligente. Y peor: tiene un no sé qué. Con esto último te fulminan, el blanco es negro y el negro verde trasnochado.
Ésta en particular tiene pinta de fea con ingenuidad; esa, digamos, es su “gracia”. En el barrio seguro que la atienden por “buena”.
Y claro, ahora me estoy dando cuenta de otro asunto, no tiene aire de “por qué me discriminan”, tiene cierto gesto de en confianza. Como quien no caza la cosa, aire de boluda. El estilo ese ingenuo le da seguridad, no se debe dar cuenta del susto al verla y, sin duda, absorbe de brazos abiertos los pocos buenos gestos. Total, los buenos samaritanos nunca faltan.
Para mí que su habitación debe ser un mar de cocoliches “Hello Kitty”, caritas, moñitos, todo muy naif. Le va la onda por su manera de estar arreglada.
Por las manos gruesas debe ser alguien dedicada, trabajadora -poco fina- seguro que ayuda al llegar a su casa pero no la veo haciéndose cargo de todo. Cierta atención y pulcritud hace sospechar que se da tiempo para sí misma. Y le debe costar mucho tiempo y esfuerzo. Claro, no puede conformarse con lo de Salamanca, si natura non da, algo hay que hacer.
Los labios rojos: ahí sí que perdió, pobrecita. El esfuerzo de la ropa, los anillos, los aritos y cierto aire de “me arreglo” se fue al cuerno en los labios, ese rojo, no way. Peor que disfrazada.
Ah, no, pero mejor cierro los ojos y hago que me duermo, no sea que de tanto mirarla, a menos de un metro, piense que soy alguno de esos maleducados que tanto abundan acá en el tren. 

jueves, 11 de noviembre de 2010

Narcisos


Jardín de narcisos en el tren.
Sueño de laburantes 

                
                    sin eco.